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Cómo ahorrar gas con la caldera este invierno, según Servicios técnicos de Valencia

Los conflictos geopolíticos como el cierre del estrecho de Ormuz o la guerra en Ucrania han tenido un fuerte impacto en los precios de la energía en los últimos años, no obstante la adopción de ciertas medidas y hábitos de consumo hace posible la reducción del consumo de energía y el ahorro

La incertidumbre internacional y las tensiones en torno al estrecho de Ormuz vuelven a situar a los precios de la energía en el centro de las preocupaciones de familias y empresas. Cuando aumentan los precios del petróleo y del gas natural, reducir el consumo de la calefacción sin renunciar al confort se convierte en una medida práctica para contener la factura durante el invierno.

La buena noticia es que no hace falta vivir con frío ni realizar una reforma integral para empezar a gastar menos. Una caldera bien ajustada, una vivienda que conserve el calor y unos hábitos razonables pueden marcar una diferencia importante a final de mes.

Ajustar el termostato con criterio
El termostato es uno de los elementos con mayor influencia sobre el nivel de consumo de los sistemas de calefacción domésticos. Elevar la temperatura interior más de lo necesario obliga a la caldera a trabajar durante más tiempo y aumenta el gasto energético. Como referencia, el IDAE recomienda mantener la vivienda en torno a 20-21 °C durante las horas de actividad y reducir la consigna a 15-17 °C por la noche o cuando no haya nadie en casa. Cada grado adicional puede elevar el consumo de los sistemas de calefacción aproximadamente un 7 %.

Del mismo modo, no es recomendable encender la calefacción «a tope» para calentar antes una habitación ya que la vivienda no alcanzará antes la temperatura deseada; simplemente se superará el nivel de confort y se consumirá más gas. Es preferible fijar una temperatura de consigna estable y dejar que la instalación trabaje de forma progresiva.

Por otro lado, si la caldera dispone de termostato programable o inteligente, conviene aprovecharlo:

  • Programar el encendido antes de las horas reales de uso, no durante todo el día.

  • Reducir la temperatura cuando la casa quede vacía durante varias horas.

  • Bajar la temperatura de consigna por la noche en lugar de mantener el mismo nivel que durante el día.

  • Evitar colocar el termostato junto a radiadores, ventanas, puertas exteriores o fuentes de calor.

En una vivienda con horarios previsibles, la programación evita calentar estancias vacías y facilita un consumo mucho más controlado.

Revisar la temperatura de la caldera
No solo importa la temperatura ambiente: también influye la temperatura del agua que circula hacia los radiadores. Muchas instalaciones funcionan con una impulsión demasiado elevada porque nunca se ha revisado la configuración desde su puesta en marcha.

En una caldera de condensación, trabajar con temperaturas de retorno bajas favorece la condensación de los humos y permite recuperar parte del calor que, en una caldera convencional, saldría por la chimenea. Por esta razón, estas calderas ofrecen un rendimiento superior, especialmente cuando la instalación puede operar a temperaturas moderadas.

La regulación correcta depende del aislamiento, el tamaño de los radiadores, la zona climática y las necesidades de cada hogar. Como pauta general:

  • Empezar con una temperatura de impulsión moderada y comprobar si la vivienda alcanza el nivel confort deseado.

  • Reducir poco a poco si los radiadores siguen calentando adecuadamente.

  • No copiar ajustes de otra vivienda: dos pisos con radiadores similares pueden necesitar configuraciones distintas.

  • Consultar el manual del fabricante o solicitar el ajuste a un técnico habilitado si no sabe qué parámetro modificar.

Una temperatura excesiva puede provocar ciclos de encendido y apagado poco eficientes, sobrecalentamiento de las estancias y mayor gasto. El objetivo no es que el radiador queme al tocarlo, sino que aporte el calor necesario de manera continua y equilibrada.

Cuidar la caldera y los radiadores
Una caldera que no recibe mantenimiento puede perder eficiencia, consumir más combustible y presentar averías justo en los meses de mayor demanda. La limpieza del quemador, la comprobación de la combustión, la presión del circuito, la evacuación de humos, la estanqueidad y el estado de los componentes deben ser revisados por profesionales cualificados.

A este respecto, el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) establece que el mantenimiento debe realizarse mediante empresas mantenedoras habilitadas y que las operaciones efectuadas deben quedar registradas. Para calderas murales a gas de hasta 70 kW destinadas a viviendas, la periodicidad orientativa de mantenimiento preventivo es cada dos años, salvo que el manual del equipo o las condiciones particulares indiquen otra frecuencia.

Además, antes de la temporada de frío, también resulta útil:

  • Purgar los radiadores si se oyen ruidos o hay zonas que permanecen frías.

  • Comprobar que todos calientan de forma homogénea.

  • No cubrir radiadores con muebles, cubreradiadores cerrados o cortinas largas.

  • Revisar la presión indicada por la caldera siguiendo las instrucciones del fabricante.

  • Detectar goteos, ruidos extraños, bajadas continuas de presión o fallos recurrentes y llamar a un técnico.

Una instalación equilibrada distribuye mejor el calor y evita que la caldera tenga que prolongar su funcionamiento para compensar radiadores que rinden mal.

Evitar que el calor se escape
La caldera puede ser eficiente, pero poco conseguirá si el calor abandona rápidamente la vivienda y las estancias; ventanas, cajones de persianas, puertas exteriores y encuentros mal sellados son puntos habituales de pérdida térmica.

Antes de plantear una reforma costosa, hay mejoras sencillas y asequibles:

  • Colocar burletes en ventanas y puertas que tengan holguras.

  • Bajar persianas y cerrar cortinas al anochecer.

  • Ventilar de forma breve e intensa, en lugar de dejar una ventana entreabierta durante horas.

  • Mantener libres las salidas de aire y no bloquear los radiadores.

  • Cerrar puertas de habitaciones poco utilizadas para concentrar el calor en las zonas ocupadas.

  • Usar ropa de abrigo en casa antes de subir un grado el termostato.

El jefe de inspecciones técnicas de la empresa de climatización y calefacción Servicios técnicos de Valencia, Jorge Pérez, aconseja adaptar el funcionamiento de la calefacción al horario de ocupación y señala que, «cuando se duerme bien abrigado, no es necesario mantener la vivienda a la temperatura diurna. Es un cambio de hábito pequeño, pero especialmente relevante cuando el gas natural se encarece», indica.

Valorar renovar equipos antiguos
Finalmente, si la caldera es antigua, tiene averías frecuentes o no modula correctamente su potencia, puede ser el momento de estudiar una sustitución. Las calderas de condensación actuales regulan mejor su funcionamiento y están diseñadas para aprovechar más energía del combustible que los equipos convencionales.

No obstante, la renovación de la caldera debe plantearse con un cálculo adecuado de la potencia. Una caldera sobredimensionada puede realizar arranques frecuentes y trabajar fuera de su punto óptimo; una caldera demasiado pequeña puede no cubrir la demanda de calefacción y agua caliente sanitaria. Un instalador habilitado debe valorar, entre otros aspectos, los metros cuadrados, el aislamiento, el número de baños, los hábitos de consumo y el tipo de emisores.

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